Visores de RV para el aula
Visores autónomos preparados para uso escolar: gestión de flota, control de sesión desde una tableta del docente, interfaces faciales desinfectables y zona de seguridad delimitada.
Un visor de realidad virtual en un aula plantea problemas que no existen en casa: hay que repartirlo, limpiarlo, cargarlo, evitar que veinticinco alumnos con el visor puesto choquen entre sí y decidir qué hace el resto del grupo mientras seis están dentro de la experiencia. Nuestra propuesta parte de resolver eso antes que de vender potencia gráfica.
3DoF y 6DoF: por qué importa con menores
Un visor de tres grados de libertad detecta únicamente la rotación de la cabeza: el usuario mira alrededor pero permanece anclado en un punto. Uno de seis grados detecta además la traslación del cuerpo en el espacio, de modo que agacharse o dar un paso se refleja en la escena.
Con menores, esta diferencia no es un lujo. El malestar asociado a la realidad virtual —mareo, desorientación, fatiga visual— aparece sobre todo cuando lo que ve el ojo no coincide con lo que percibe el sistema vestibular. El seguimiento de seis grados reduce ese desajuste de forma notable. A cambio exige delimitar una zona de seguridad física y mantener despejado un radio suficiente alrededor de cada alumno, lo que condiciona cuántos visores pueden funcionar a la vez en un aula.
Nuestra recomendación de aforo
Con seguimiento 6DoF y sesión de pie, calculamos un mínimo de 2 × 2 metros libres por alumno. En un aula estándar eso significa entre cuatro y seis visores simultáneos, no un visor por alumno. Por eso trabajamos casi siempre con el modelo de rotación por estaciones: un grupo dentro, el resto en actividades de preparación y registro.
Edades, distancia interpupilar y duración
Respetamos siempre la edad mínima que fija el fabricante del modelo concreto, que suele situarse entre los 8 y los 13 años y que hacemos constar en la ficha de producto y en el albarán de entrega. Por debajo de esa edad recomendamos realidad aumentada sobre tableta.
La distancia interpupilar es el segundo factor crítico. En población infantil suele oscilar entre 50 y 60 mm, por debajo del rango en el que muchos visores de consumo están optimizados. Seleccionamos modelos con ajuste continuo o con al menos tres posiciones que bajen de 58 mm, porque una separación mal ajustada produce visión borrosa, esfuerzo de acomodación y dolor de cabeza, y el alumno rara vez sabe explicar qué le pasa.
En cuanto a la duración, recomendamos tramos de 10 a 15 minutos con visor en Primaria y de hasta 20 minutos en Secundaria, con descanso obligatorio entre sesiones. La consola de aula incluye un temporizador visible para el docente que avisa antes de cerrar la escena.
Gestión de flota y control de sesión
Los visores se entregan inscritos en una consola de gestión que permite al docente:
- Lanzar la misma escena en todos los visores a la vez y cerrarla desde su tableta.
- Ver en miniatura qué está mirando cada alumno, para detectar a quien se ha perdido o se ha quitado el visor.
- Bloquear el acceso a la tienda de aplicaciones y al navegador: los visores funcionan en modo quiosco con las aplicaciones que el centro ha aprobado.
- Consultar el nivel de batería de cada unidad antes de empezar la sesión.
El despliegue inicial lo hacemos nosotros: recibimos los visores, aplicamos la configuración del centro, instalamos el software aprobado, los etiquetamos y los entregamos listos para encender. El equipo TIC no tiene que configurar veinte dispositivos uno a uno.
Higiene
Cada visor se entrega con interfaz facial de silicona desmontable —desinfectable con toallita de base alcohólica y sin absorber sudor como hace la espuma de fábrica— y con un juego de fundas desechables para las sesiones con familias o visitas. Las correas son de tejido lavable y se venden sueltas.
Entregamos el protocolo de limpieza impreso para colgarlo dentro del carro: qué producto usar en la interfaz, qué producto no acercar nunca a las lentes —los limpiadores con alcohol dañan los revestimientos ópticos— y cuánto tiempo dejar secar antes del siguiente uso.
Almacenamiento y carga
El carro de carga es un elemento que se subestima. Un visor guardado descargado tarda dos horas en estar disponible, y eso arruina una sesión programada. Los carros que suministramos cargan todas las unidades simultáneamente, incorporan ventilación —las baterías de litio se degradan más rápido en espacios cerrados y calientes— y llevan cierre con llave. Recomendamos guardar los visores con la carga entre el 40 % y el 80 % durante los periodos vacacionales.
Datos personales del alumnado
Nuestra configuración por defecto no crea cuenta nominal por alumno: los visores funcionan con perfiles de dispositivo gestionados por el centro. No se recogen datos biométricos, no se graba lo que el alumno ve y no se transmiten datos de uso asociados a una persona identificable. Cuando el centro decide activar el registro de progreso, los identificadores son alias que él mismo genera y el tratamiento queda documentado en el contrato de encargo correspondiente.
Vea el material antes de decidir
Organizamos demostraciones en el propio centro con el material real y, si encaja, una prueba piloto de un trimestre con equipos cedidos. Sin compromiso de compra.