El material de aula se compra una vez y se usa durante años, así que intentamos escribir lo que nos habría gustado leer antes de una compra, no lo que ayuda a cerrarla.
Primero el objetivo, después el dispositivo
Ninguna secuencia empieza por el visor. Empieza por el criterio de evaluación que se quiere trabajar y por la pregunta de si la tecnología aporta algo que una maqueta, una salida o una buena explicación no aporten ya. Cuando la respuesta es que no, lo decimos.
Lo que dice el fabricante, con su fecha
Las edades mínimas recomendadas, la distancia interpupilar admitida y los tiempos de uso continuado los fija cada fabricante y cambian entre revisiones de un mismo modelo. Citamos la fuente y el momento en que se consultó, en lugar de repetir una cifra que circula sin origen.
La logística cuenta como pedagogía
Un carro que no cabe por la puerta del aula, una sesión de carga que no termina antes de la primera hora o una desinfección que requiere quince minutos entre grupos deciden si el material se usa o se queda en el armario. Escribimos sobre eso con el mismo detalle que sobre la didáctica.
Sin resultados que no podemos medir
No publicamos porcentajes de mejora del aprendizaje ni comparativas de rendimiento entre centros. Describimos qué observó el profesorado, en qué condiciones y con qué grupo, y dejamos claro cuándo se trata de una impresión y no de una medición.
Si detecta un error en algún texto o su experiencia en el aula contradice lo que contamos, escríbanos: corregimos el artículo y hacemos constar la fecha de la revisión.